jueves, 3 de septiembre de 2009

LOS INUIT.

Leyenda de Sedna.

2905_inuit.jpgAl norte, muy al norte de nuestro querido planeta tierra, vive una civilización que no pertenece a ninguna nación ni país. No sabe de himnos ni escarapelas que por estas épocas otoñales están tan de moda. Viven rodeados de nieve y hielos polares, en casitas subterráneas muy simpáticas y misteriosas conocidas como iglús.

Y como el clima está indeciso, que un día con campera, y otro día con un suetercito alcanza, nada mejor que conocer un poco más acerca de los esquimales y acercarnos, de a poquito y con bufanda, a los fríos que llegarán en los próximos días.

Los inuit, más conocidos como esquimales, se alimentan de la caza y fundamentalmente de la pesca. A su alrededor no crecen vegetales de ningún tipo. Como mucho, algunos pastitos sosos y secos. A pesar de que sus casas son muy confortables y se mantienen calentitas gracias a un sistema de calefacción que es envidiable, los esquimales son nómades. Y es que hay épocas en las que pareciera que todos los animales marinos se quedaran jugando a las cartas en alguna costa lejana, porque de no se los ve por ningún lado. Entonces las lanzas y cañas quedan paraditas en los pasillos del iglú, hasta que algún pececito solidario se sacrifique. Pero no todo es tan simple y detrás de esta aparente migración de animalitos-alimento se esconde un secreto que los inuit jamás revelarán, pero que conocen a la perfección.

Hace muchísimos años, cuando los fríos polares no eran tan fríos, paseaba por el Ártico una niña llamada Sedna que estaba lista para el matrimonio. Pero como siempre sucede entre padres e hijos, a ella nunca le gustaba el candidato que su padre le presentaba, que seguro sería un afamado cazador y que para pescar haría los hoyitos más prolijitos en el hielo. Seguramente con compás. Sedna prefería a los chicos un poco más rebeldes, que querían ser vegetarianos o migrar para obtener un bronceado de cama solar aunque fuera pleno junio. Discusión va, discusión viene, Sedna se cansó y le quiso dar un disgusto grande a su papá (cosas de la edad, nomás). ¿Qué hizo la pequeñita? Se apareció una tarde en su casa, y con una sonrisa dijo la frase más temida por todo padre que se considere algo celoso:

—Pa, te presento a mi novio.

Al pobre padre de Sedna casi le da un patatús, porque la criaturita se apareció en la puerta de su casa con un perro.

La chica se había puesto de novia con el perrito. Y no sólo eso. A los pocos días se casaron y tiempo después ella dio a luz a diez cachorritos bonitos, que de su mamá no tenían nada. Eran igualitos al papá.

Era el colmo. Hasta un novio vegetariano, se aguantaba, pero un esposo canino y para colmo diez nietos que en lugar de “abuelo” decían “guau” era demasiado. Entonces el buen hombre, cuando un día paseaba con su hija en una barca, la arrojó al mar. Ella intentó subirse nuevamente y dialogar, al menos. Pero no. Él le cortó los dedos y le impidió así subirse a la embarcación. Sedna, dolida y llena de furia, se hundió en las aguas heladas y se convirtió en la primera foca y señora de los mares.

Y he aquí el por qué de estas repentinas fugas de animalitos marinos. Cuando Sedna se levanta de malhumor, encierra a todos los animales marinos en corrales bajo el agua, impidiendo a los esquimales alimentarse.

Lucía Alfonso

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